En los cines porno puede más la calentura que el covid-19

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A la cachondez no hay que la pare | Luis Marín
A la cachondez no hay que la pare | Luis Marín

Ni el covid-19 ni nadie es capaz de calmar las enjundiosas y calenturientas ganas de los asistentes de los cines porno de la Ciudad de México pues, tras algunos meses de apagar su pantalla y cerrar las taquillas, algunos, como el legendario Cinema Río, han retomado labores, con todo y uso de gel antibacterial, tapetes sanitizantes y toma de temperatura justo a la entrada de sus salas.

Ahora huelen a cloro

Ubicado en la calle República de Cuba casi esquina con Palma, en el Centro Histórico, este legendario lugar, testigo de memorables encuentros sexuales ocurridos a lo largo de las últimas seis décadas, ya ha comenzado a funcionar como el rinconcito a oscuras para los amantes de paso y vouyeristas.

El cine adaptó sus instalaciones como prevención ante el covid-19

En agosto iniciaron labores para esos que ya traían las ganas atoradas, unas semanas después de las salas de cine convencional y comercial. Primero fueron espaciados los días: lunes, miércoles y viernes, pues fueron los horarios establecidos para cualquier negocio del Centro.

Y, pese a que podría considerarse un lugar de alto contagio e infección del covid-19, ya que es cerrado, se sigue el mismo protocolo de ‘sanidad’ que en cualquier otro establecimiento, aunque ya adentro se evita el uso de cubrebocas porque entorpece el contacto entre quienes quieren divertirse no sólo con la película.

Se respeta el aforo

Antes de pasar a adquirir los boletos, los cuales tienen un costo de 30 pesos por hombre o 150 por pareja, un empleado que porta una careta y guantes de plástico mide la temperatura, obsequia gel antibacterial y pide al cliente usar el tapete sanitizante.

En el cine porno la gente hace más que ver una película

Una vez con boleto en mano se accede a la sala, la cual, en lugar de oler a fluidos humanos, ya que se permite tener relaciones sexuales en el lugar, tiene un fuerte aroma a cloro. Los protocolos de sana distancia, aunque son difíciles de respetar, se han acoplado al uso de estas salas.

Algunas filas de asientos fueron clausuradas con el fin de tener entre el 50 por ciento o menos de su capacidad y así hacer esta actividad ‘menos riesgosa’. La asistencia es muy baja comparada a su actividad antes de la pandemia, aunque sus clientes más fieles son la comunidad masculina y alguna que otra pareja ‘aventurera’ y swingers.

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